Woody Allen y el humor como inteligencia filosófica
Juan Maselli
El 10 de junio de 1975, en New York, EEUU, Woody Allen presentó “La última noche de Boris Grushenko” (*Love and Death*), una comedia que cierra su etapa inicial como cineasta antes de dar paso a la madurez artística que alcanzaría con «Dos extraños amantes» (Annie Hall-1977). Este film, considerado por el propio director como su obra más graciosa, es un homenaje satírico a la literatura rusa y al cine de autor europeo, combinando el humor absurdo con profundas reflexiones filosóficas sobre la vida, el amor y la muerte.

Dirección y guion: la irreverencia intelectual de Allen
La dirección de Woody Allen en “La última noche de Boris Grushenko” es un despliegue de ingenio y creatividad. La película se desarrolla en una Rusia napoleónica ficticia, con escenarios que evocan el dramatismo de los clásicos universales, pero que son constantemente subvertidos por el humor mordaz y absurdo que caracteriza al director neoyorquino. Allen no solo dirige, sino que también escribe y protagoniza la cinta, consolidando su habilidad para combinar la sátira con diálogos cargados de referencias literarias y filosóficas.
